Hoy inauguro este blog. Más de un año de retraso. No es que no haya tenido temas para escribir, quizás he tenido demasiados y no era capaz de elegir. Demasiadas cosas se iban acumulando, demasiadas incoherencias, demasiados silencios. Hoy me dicho ¡basta!, Hay que ir vaciando la alacena. Y comienzo por esta pequeña historia.
OBSERVACIONES DE UN ABUELO EN UN PARQUE DE MADRID. "Mis bisnietos serán más mestizos".
Es la segunda vez que vengo a este parque con mi nieto.
Lo había cruzado varias veces de camino hacia la casa de mi hija y había percibido una vida intensa en torno a este trozo del barrio.
La primera visita fue una experiencia curiosa, agradable. Ya me pareció un lugar que, como otros lugares de nuestra ciudad, mostrada la nueva realidad de este país: multirracial, multiétnica, mestiza y un poco caótica.
Pero ha sido la segunda visita la que me ha hecho sentir, incluso vibrar con el paisaje humano que descubrí.
Llegué a media tarde, en los comienzos de este otoño casi caluroso que estamos disfrutando, mi nieto, el protagonista central de esta historia me guió hasta la zona. Tiene dos años y medio y en los apenas cien metros que hay desde su casa hasta el parque tardamos más de quince minutos. Cada portal, cada esquina, cada barandilla, cada alcorque, tienen un interés especial para él. Voy disfrutando de su parloteo mientras él experimenta en todas las incidencias del camino.
Por fin llegamos al parque. Es un cuadrilátero de arena protegido de una valla pintada de colores, en su interior una serie de juegos infantiles como otros muchos que pueblan los barrios de esta ciudad: toboganes, balancines, casetas de madera sobre una plataforma, y arena, mucha arena y un poco polvorienta.
El parque está rodeado de bancos, en algunos lados son de piedra, corridos, como los bancos de las plazas de algunos pueblos. También los hay de madera y hierro, los de siempre, los que estábamos acostumbrados a ver antes de la manía "ruizgalladorniana" de colocar bancos de diseño donde nadie puede tumbarse.
En uno de los laterales abuelos de los "de toda la vida". Ropas oscuras, bastones como punto de apoyo de un cuerpo inclinado hacia delante, algún pitillo en los labios, incluso alguna boina. Los hombres parecen están dormitando mientras intercambian alguna frase de tarde en tarde. Las mujeres en una alegre tertulia, llegan hasta mí sus voces, "lo mal y lo caro que está todo, la pobre tonadillera que puede ir a la cárcel, la otra a la que su marido ha engañado, con lo mantenido que lo tiene...".
A continuación unos jóvenes que por su aspecto y acento son caribeños, posiblemente dominicanos, hablan en voz alta y piropean a toda chica que pase a su lado.
En los bancos de enfrente un grupo de mujeres jóvenes (dos de ellas con pañuelo musulmán) conversan animadamente, no podía oir el tema pero si veía como vigilaban a sus retoños que corrían, subían y bajaban de los juegos y se tiraban arena.
A mi lado, un grupo de mujeres y algún hombre, también jóvenes, charlaban a la vez que atendían a media docena de niños y niñas que piel muy blanca y pedlo claro. Hasta llegaban sus voces, eran sonidos familiares pero no reconocía las palabras, seguramente de Rumania.
Una mujer de piel oscura y rasgos latinos empujaba un triciclo montado por una niña con dos coletas rematados con lazos de colores vivos y vestido rosa "chicle".
No es necesario describir profusamente a las niñas y los niños que jugaban en el parque. Pelo rizado y muy negro, pelo lacio y claro, pelo castaño, pieles de todos los matices. Pero todos jugaban en solitario o formando grupos cuya afinidad tenía que ver más con la edad o el sexo que con otra cosa.
Mi nieto entró en el recinto con su andar un poco inseguro, sin muchos titubeos comenzó a hablar (es un decir) con una niña negra para que le dejase paso al tobogán, con ella estuvo bajando y subiendo varias veces. A continuación intimó con un cuarteto, un poco mayores que él, deduje por su apariencia y mi distancia que estaba formado por un niño de ascendencia magrebí, otro caribeño o sudamericano, un rubio que podia proceder del este de Europa o de Aluche (vaya usted a saber) y un cuarto de apariencia pijo-español por la ropa de marca que creí atisbar. Con ellos estuvo jugando, incluso llegó a hacer pandilla, totalmente feliz hasta que llegó la hora de regresar a casa, donde un poco a rastras y a pesar de sus protestas bien argumentadas para la edad, pude llevarle caida la tarde.
Recordando esta sencilla experiencia me sentí razonablemente a gusto, a pesar del mensaje racista y xenófobo que nos está llegando de algunos medios y sobre todo de algunos políticos metidos a aprendices de brujo.
Mi nieto, un "blanquito" de clase media-media, se relaciona perfectamente, sin mas problemas que los normales de su edad, con cualquier oro niño o niña sin atender al color de su piel, aunque hablen algunas palabras que no logra entender, aunque sus mamás lleven pañuelo en la cabeza o faldas largas.
Si los Sarkozys o los Berlusconis de turno, léase Sánchez Camacho o García Albiol del PP de Cataluña, y otros aprendices de brujo, no lo joden, mis nietos vivirán a gusto en esta España multirracial y multiétnica y mis bisnietos seguramente serán mas mestizos que nosotros.
¡Ojalá!
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