lunes, 8 de noviembre de 2010

Jornaleros en la Plaza Elíptica


JORNALEROS EN LA PLAZA ELÍPTICA


Esta mañana he pasado por la plaza de Fernández Ladreda (la plaza Elíptica de siempre). En el arco formado entre la esquina de la calle Oporto y la de Antonio Leyva, sobre todo en el tramo de acera que va desde la calle Oporto a la calle de la Vía, hay varias decenas de hombres (porque todos son varones), de distintas etnias y procedencias: magrebíes, subsaharianos, latinoamericanos...

Observo desde mi automóvil mientras se cierra el disco. Después de unos segundos de sorpresa, me di cuenta de que están esperando algo: aunque conversaban entre ellos, formado grupos, todos estaban pendientes de los vehículos; desde la acera escudriñaban el interior de los coches, sobre todo de las furgonetas, por si detectaban la "señal del pistolero" -así la ha llamado Carlos, mi acompañante-: un breve gesto que les permita comer ese día y, en el mejor de los casos, pagar su cuota de la habitación que comparten con sus paisanos.

Están allí desde antes de las siete de la mañana y, aunque son más de las nueve, esperan todavía por si surge algo.

En el coche, Carlos, el ecuatoriano que me ayuda a pintar el piso, me comentó que lo peor es que, a veces, ni les pagan, sobre todo a los "morenos" -subsaharianos que tienen más dificultad para desenvolverso en este ambiente- a los que engañan por "culpa del idioma".

-Aparecen las furgonetas sin ninguna identificación, te llevan a una dirección que no conoces, después de la jornada te devuelven a la plaza Elíptica con la promesa de recogerte al día siguiente y no vuelves a verlos-.

Después de este comentario nos quedamos en silencio. Se abrió el semáforo de la calle Oporto. Nos ponemos en marcha y, según avanzamos en dirección a General Ricardos, van apareciendo recuerdos de mi niñez y adolescencia: un pueblo de Sevilla, tiempo de recogida de aceitunas, calle Mesones delante de la taberna de Pico, un grupo de jornaleros con la boina calada hasta las orejas (hace frío en las mañanas de invierno) espera con las manos en los bolsillos; llega el manijero, va señalando con el dedo, los hombres avanzan y se van detrás de él. El señorito observaba desde el ventanal de la Peña Taurina, en la mano una copa de coñac. En la calle los que han quedado sin jornal se retiran, otro día en el que la mujer tendrá que pedir de "fiado".

sábado, 23 de octubre de 2010

Diciembre de 2013.- Pesadilla de política ficción


Qué pasaría sí....- Una pesadilla de política ficción

Diciembre de 2013


El paso de la Jonquera en al AP-7 está colapsado. Las curvas de la carretera de Portbou han dejado de ser peligrosas. Tanto uno como otras están repletos de vehículos de todas las marcas y de todas las cilindradas, cargados hasta donde es posible y aún más. Abundan las furgonetas y las caravanas desvencijadas. Por sus ventanillas asoman caritas despeinadas que miran con asombro, algunas sonríen y saludan a los curiosos que observan la larga cola de varios kilómetros en dirección al país vecino.

Cada vehículo va lleno de ocupantes que parecen de la misma familia. Atrás han quedado viviendas vacías. Cajones y armarios abiertos con restos de ajuar familiar: alguna colcha multicolor ajada por los años, un tapiz con agujeros de polilla, una olla desconchada, un tajín desportillado, algunos cuadros con los cristales rotos.

Los menos afortunados han visto arder sus chabolas, casi sin tiempo para recoger sus pobres pertenencias y ponerse en camino. Han sido muchos días dolorosos, varias noches en vela.

La nieve comienza a cubrir los arcenes de la carretera y en la frontera, porque se ha vuelto a restablecer la frontera después de las últimas disposiciones del nuevo gobierno Sarkozy, los gendarmes no dejan pasar libremente si no se tiene pasaporte español. Al resto lo van agrupando en las explanadas anejas al paso fronterizo para, desde allí, ser deportados a sus paises de origen.

¿Cómo ha podido ocurrir algo así en la Europa de las libertades? ¿De dónde surgió la marejada xenófoba que sufrimos ultimamente? ¿Por qué hemos dejado crecer algunos de nuestros demonios ancestrales?...


A pesar de todos los pronósticos, en diciembre de 2010 se formó en Cataluña una gobierno de coalición Anglada-Sánchez Camacho. El Consejero de Interior García Albiol, coherente con su programa, decretó la expulsión de romanís y musulmanes sin pasaporte español. Una parte importante de la opinión pública europea aplaudió esta medida.


Sarkozy volvió a ganar las elecciones arrasando gracias a los votos sustraidos al "lepenismo" como consecuencia de su política de expulsiones de minorías "no integradas".


Berlusconi sigue gobernando en Italia con el apoyo de Fini.


Es España gobierna Mariano Rajoy desde abril del año pasado.


Me he despertado sudando, con las mandíbulas doloridas y en posición fetal.

martes, 12 de octubre de 2010

Mis bisnietos serán más mestizos

Hoy inauguro este blog. Más de un año de retraso. No es que no haya tenido temas para escribir, quizás he tenido demasiados y no era capaz de elegir. Demasiadas cosas se iban acumulando, demasiadas incoherencias, demasiados silencios. Hoy me dicho ¡basta!, Hay que ir vaciando la alacena. Y comienzo por esta pequeña historia.
OBSERVACIONES DE UN ABUELO EN UN PARQUE DE MADRID. "Mis bisnietos serán más mestizos".
Es la segunda vez que vengo a este parque con mi nieto.
Lo había cruzado varias veces de camino hacia la casa de mi hija y había percibido una vida intensa en torno a este trozo del barrio.
La primera visita fue una experiencia curiosa, agradable. Ya me pareció un lugar que, como otros lugares de nuestra ciudad, mostrada la nueva realidad de este país: multirracial, multiétnica, mestiza y un poco caótica.
Pero ha sido la segunda visita la que me ha hecho sentir, incluso vibrar con el paisaje humano que descubrí.
Llegué a media tarde, en los comienzos de este otoño casi caluroso que estamos disfrutando, mi nieto, el protagonista central de esta historia me guió hasta la zona. Tiene dos años y medio y en los apenas cien metros que hay desde su casa hasta el parque tardamos más de quince minutos. Cada portal, cada esquina, cada barandilla, cada alcorque, tienen un interés especial para él. Voy disfrutando de su parloteo mientras él experimenta en todas las incidencias del camino.
Por fin llegamos al parque. Es un cuadrilátero de arena protegido de una valla pintada de colores, en su interior una serie de juegos infantiles como otros muchos que pueblan los barrios de esta ciudad: toboganes, balancines, casetas de madera sobre una plataforma, y arena, mucha arena y un poco polvorienta.
El parque está rodeado de bancos, en algunos lados son de piedra, corridos, como los bancos de las plazas de algunos pueblos. También los hay de madera y hierro, los de siempre, los que estábamos acostumbrados a ver antes de la manía "ruizgalladorniana" de colocar bancos de diseño donde nadie puede tumbarse.
En uno de los laterales abuelos de los "de toda la vida". Ropas oscuras, bastones como punto de apoyo de un cuerpo inclinado hacia delante, algún pitillo en los labios, incluso alguna boina. Los hombres parecen están dormitando mientras intercambian alguna frase de tarde en tarde. Las mujeres en una alegre tertulia, llegan hasta mí sus voces, "lo mal y lo caro que está todo, la pobre tonadillera que puede ir a la cárcel, la otra a la que su marido ha engañado, con lo mantenido que lo tiene...".
A continuación unos jóvenes que por su aspecto y acento son caribeños, posiblemente dominicanos, hablan en voz alta y piropean a toda chica que pase a su lado.
En los bancos de enfrente un grupo de mujeres jóvenes (dos de ellas con pañuelo musulmán) conversan animadamente, no podía oir el tema pero si veía como vigilaban a sus retoños que corrían, subían y bajaban de los juegos y se tiraban arena.
A mi lado, un grupo de mujeres y algún hombre, también jóvenes, charlaban a la vez que atendían a media docena de niños y niñas que piel muy blanca y pedlo claro. Hasta llegaban sus voces, eran sonidos familiares pero no reconocía las palabras, seguramente de Rumania.
Una mujer de piel oscura y rasgos latinos empujaba un triciclo montado por una niña con dos coletas rematados con lazos de colores vivos y vestido rosa "chicle".
No es necesario describir profusamente a las niñas y los niños que jugaban en el parque. Pelo rizado y muy negro, pelo lacio y claro, pelo castaño, pieles de todos los matices. Pero todos jugaban en solitario o formando grupos cuya afinidad tenía que ver más con la edad o el sexo que con otra cosa.
Mi nieto entró en el recinto con su andar un poco inseguro, sin muchos titubeos comenzó a hablar (es un decir) con una niña negra para que le dejase paso al tobogán, con ella estuvo bajando y subiendo varias veces. A continuación intimó con un cuarteto, un poco mayores que él, deduje por su apariencia y mi distancia que estaba formado por un niño de ascendencia magrebí, otro caribeño o sudamericano, un rubio que podia proceder del este de Europa o de Aluche (vaya usted a saber) y un cuarto de apariencia pijo-español por la ropa de marca que creí atisbar. Con ellos estuvo jugando, incluso llegó a hacer pandilla, totalmente feliz hasta que llegó la hora de regresar a casa, donde un poco a rastras y a pesar de sus protestas bien argumentadas para la edad, pude llevarle caida la tarde.
Recordando esta sencilla experiencia me sentí razonablemente a gusto, a pesar del mensaje racista y xenófobo que nos está llegando de algunos medios y sobre todo de algunos políticos metidos a aprendices de brujo.
Mi nieto, un "blanquito" de clase media-media, se relaciona perfectamente, sin mas problemas que los normales de su edad, con cualquier oro niño o niña sin atender al color de su piel, aunque hablen algunas palabras que no logra entender, aunque sus mamás lleven pañuelo en la cabeza o faldas largas.
Si los Sarkozys o los Berlusconis de turno, léase Sánchez Camacho o García Albiol del PP de Cataluña, y otros aprendices de brujo, no lo joden, mis nietos vivirán a gusto en esta España multirracial y multiétnica y mis bisnietos seguramente serán mas mestizos que nosotros.
¡Ojalá!